¿Cómo diferenciar una crisis del final de una relación?
Enviado por: Equipo Bodas in pareja on Mar 10, 2010
Hoy en día muchas parejas discuten más que en antaño. ¿Por qué razón? El modo de vivir en comunidad cambió, ahora vamos más rápido en todo aspecto, hoy en día caminamos rápido, comemos rápido, hablamos rápido, nos comunicamos rápidamente, estamos muy acelerados, nuestras vidas están cargadas de responsabilidades y rutinas superficiales y menos profundas.
Por lo tanto no estamos entrenados en serenarnos, en desacelerarnos, al contrario buscamos soluciones rápidas para conflictos que requieren tiempo en su solución, además no toleramos la frustración existente en una relación seria y madura. Es como si pensáramos que amarnos significa no pelear o no llevarse mal de vez en cuando. En realidad toda relación tiene niveles de vulnerabilidad y sufrimiento cotidiano.
Pelear se ha convertido en algo frecuente y desgastador, es como si fuera el único medio para descargar tanta presión sobre nosotros. No sabemos encontrar otra manera de alejarnos de la tensión y el dolor. Tanto así, que en el amor también somos rápidos y superficiales, esto quita valor y sustento en la manera de amarnos. Casi siempre pienso que el amor es un privilegio de muy pocos. No hemos aprendido a amarnos de manera sustancial, lo que hacemos es muy superficial, nos enamoramos, creamos romances y allí nos quedamos, luego la rutina y el diario vivir terminan convenciéndonos que no somos tan fuertes y seguros en el amor. Amar implica mucho más que romances y amores.
¿Qué nos pasa cuando peleamos mucho?
El amor no impide las crisis, pero sí puede convertirse en el principal elemento de apoyo, para buscar una solución. Toda relación de pareja tendrá problemas.
Antes se pensaba que las parejas más estables y con más años de relación tendrían mejor contención ante los problemas y las parejas con menos experiencia caerían más rápido en conflicto. Hoy en día, sabemos que esto no es cierto, porque las parejas jóvenes pelean menos cuando saben manejar conflictos, a diferencia de las parejas con más años que siguen manteniéndose atrapadas en viejas rencillas.
El modo en que se superen los problemas dependerá del enfoque que le dé la pareja al conflicto, es muy diferente hablar de una crisis más o percibir el conflicto como el principio del fin. Todo dependerá del enfoque.
La manera en que cada miembro de la pareja afronta ese periodo de problemas obedece a factores como la madurez emocional, la habilidad para gestionar los conflictos, la duración de la relación, las redes de que disponga o el momento personal en que se encuentre.
Miedo al cambio
No hay criterios fijos a los qué recurrir para determinar si una relación ha llegado a su fin. Además, cuanto más duradera haya sido esa unión y cuando la ruptura afecte a más personas -los hijos son el argumento que muchas personas esgrimen para seguir conviviendo, a pesar de la crisis-, más difícil se hará tomar la decisión de romper. Podría decirse que el momento en el que una relación deja de aportar a los miembros de la pareja ese conjunto de elementos que la propició -afectividad y emoción, seguridad, disfrute sexual...-, se alcanza el punto de inflexión en el que se debe producir el cambio.
Reconocer si se está atravesando una época con dificultades graves o si estamos ante el principio del fin de la relación, deviene una tarea ardua para los miembros de la pareja, ya que inmersos en un sinfín de emociones, sentimientos y sensaciones, resulta difícil serenarse lo suficiente para hacer una reflexión tranquila que los conduzca a esclarecer en qué punto de la relación se encuentran. No es extraño que se produzcan autoengaños, más o menos conscientes, que surgen como resistencia al cambio, bien sea para replantearse la pareja y seguir adelante con cambios o bien para iniciar definitivamente una separación.
¿Simple crisis o separación?
En función del modo en que se afronte una crisis, de cómo se comporten los miembros de la pareja ante esa etapa, la unión saldrá reforzada o será la primera fase del fin. Es decir, ante una fase conflictiva de la pareja la pregunta no es "¿es esto el fin?", sino "¿quiero que sea el fin?, ¿me interesa seguir con el compromiso que supone esta relación?". En definitiva, una mala racha será sólo una crisis si es superada, pero se convertirá en una separación si la unión acaba. La respuesta a algunas preguntas puede brindarnos pistas que nos ayudarán a tomar una decisión en esa difícil situación: ¿Le amo? ¿Miramos juntos en la misma dirección, tenemos la misma meta? ¿Siento profundo interés por la otra persona? ¿La deseo? ¿Tengo confianza total en el otro? ¿y en la propia relación? ¿Reflexiono y me comprometo para ver qué puedo aportar a la otra persona y a nuestra relación para mejorarla?
En fase de crisis nuestro estado emocional se altera; por ello, tengamos presente el alcance de las decisiones, sobre todo si se opta por terminar con la relación. No se separan dos personas, sino a veces una familia con hijos, todo un entramado de relaciones y amigos, de dependencias económicas, por lo que si la pareja se encuentra con frenos que impiden que la reflexión prospere, es conveniente acudir a un especialista en temas de pareja, que desbloquee la situación y habilite espacios para que la reflexión reúna las garantías deseables. Introducirá equilibrio y establecerá un protocolo para ayudar a la pareja a decidir mejor.
Para fortalecer la pareja
Debemos utilizar o desarrollar estas habilidades:
• Aceptar que nuestra vida es enteramente responsabilidad nuestra. No esperemos que el otro miembro de la pareja nos haga feliz. Nuestra felicidad depende, sobre todo, de nosotros mismos. No nos engañemos.
• Saber que no tenemos que resolver la vida de la otra persona, buscándole soluciones, dándole consejos y marcándole las pautas de cómo debe vivir su vida.
• Aprender a escuchar. Para ello debemos dejar lo que estamos haciendo, deshacernos de los pensamientos que distraigan nuestra atención e intentar colocarnos en su lugar para entender cómo se siente.
• Aprender a dialogar. Nuestra opinión, forma de entender y de aprehender la realidad no son la verdad absoluta, sino sólo la nuestra.
• Aprender a consensuar. Lo mío y lo tuyo han de ser tenidos en cuenta y debatidos para poder llegar a definir "lo nuestro".
• Aprender a compartir. Darse el uno al otro: preguntar cómo se encuentra, qué le incomoda, qué quiere y desea.
• Aprender a pedir. Dar a conocer nuestra vulnerabilidad es la mejor muestra de amor, porque no se la enseñamos a cualquiera.
• Dedicar tiempo específico para la pareja.
• Compartir hobbies, tiempos lúdicos, fantasías e ilusiones, al igual que acompañar en los momentos tristes, duros y penosos.
• Compartir la economía. Forma parte de la relación de pareja.
• Aprender a utilizar los conflictos y las crisis, para aprender más de nosotros mismos, ver qué necesitamos y cuál es el dolor que suscitamos en nuestra pareja. Que sean trampolín de desarrollo y no de estancamiento que no lleva a ninguna parte. Hablemos cuanto sea necesario, para que el problema no quede enquistado. No hay mayor desastre que el silencio, la indiferencia, el alejamiento, o la huida.
• Mimar con orgullo a la pareja. El sexo, las caricias y el "te quiero" han de decirse, hay que explicitarlos. No valen los sobreentendidos.
Para desdramatizar una separación:
Hemos estudiado los motivos de ruptura de diversas relaciones de pareja, y descubierto que casi siempre es un impulso más que una decisión pensada, reflexionada y concensuada con la pareja, es decir terminamos cuando estamos con la cabeza caliente o con el hígado en la boca.
Casi siempre es uno quien termina y no el otro, y cuando el otro termina, nos sorprende y nos duele más, a veces es devastador porque perdemos a alguien valioso y a veces suele ser un mero orgullo o capricho, pero igual duele. Hay que aprender a no ser tan trágicos o dramáticos. También es bueno terminar a tiempo en lugar de seguir acumulando más resentimiento y tensión a nuestra historia de vida.
Muchas parejas suelen utilizar el “ya no te soporto” o el “ya no aguanto más”, tan sólo como una táctica para protestar y hacer reaccionar al otro, pero no resulta porque casi siempre el otro tiene sus propias tácticas.
Cuando llega la hora de finalizar una relación toma en cuenta lo siguiente:
- Se rompe la pareja, no toda nuestra vida personal.
- Es un momento para afrontar cambios y riesgos, que nos alteran y convulsionan. Resulta recomendable pedir ayuda a personas competentes (amigas o profesionales), que -de forma incondicional- nos escuchen y acompañen en este trayecto, que puede (o no) ser duro.
- Es una etapa de la vida que pasará, a la que seguirá otra u otras. No hay que aferrarse al pasado: eso significaría parar nuestra vida, y queda mucho por delante.
- Como toda pérdida, tendrá sus fases: llanto, desconsuelo, incredulidad de que nos haya pasado, furia y rabia, necesidad de buscar culpables... Es normal que nos pase algo de esto, y así debemos asumirlo.
- No todo es negativo. Podemos reflexionar (sin obsesionarnos) sobre lo perdido. Pero es mejor buscar lo positivo, lo que mejora en nuestra vida con la separación.
Hagamos balance autocrítico: cómo fue la relación, en qué fallamos nosotros... Así aprenderemos y evitaremos cometer esos errores en el futuro.
Hay que guardar lo bueno para, apoyándonos en ello, seguir adelante sin ira y cerrar el capítulo. Pero sobre todo para poder abrir un nuevo capítulo.
Dr. Tomas Angulo M
Especialista en Terapia de Pareja
Master en Sexualidad Humana






















